La Necesidad de la Predicación

LA NECESIDAD DE LA PREDICACIÓN por Robert Stapleton

1 CORINTIOS 9:16

Robert Stapleton 2016El mensaje del evangelio es el mensaje más puro y dulce que una persona puede esperar o escuchar. A pesar del número de factores demográficos, el evangelio es el perfecto remedio para el pecado. Como iglesia del Señor, nuestro amor por este mensaje debe continuar sin disminución por todos los años. Lo único que se compara a escuchar este mensaje es el privilegio y placer que tenemos en predicarlo a otros. Mientras que la población del mundo aumenta, de la misma manera aumenta la necesidad de predicar dado al hecho de que hoy, más que nunca, existen más personas perdidas.

            En este manuscrito se me ha pedido que trate específicamente con dos puntos que el apóstol Pablo menciona en 1 Corintios 9. Primero, debo hablar sobre “la necesidad de la predicación” así como se ve en las palabras del apóstol en el versículo 19. Y, segundo, se me ha pedido hablar sobre “el derecho que Pablo tenía de recibir apoyo financiero por parte de los hermanos, aunque él mismo decidió no tomar ventaja de este derecho”.

CUERPO:

                        Mientras consideramos los pensamientos de Pablo sobre la predicación así como se observan en 1 Corintios 9:16, estemos conscientes del hecho de que ciertas cualidades deben estar en aquellos que predican, si es que desean tener éxito en sus esfuerzos. En la mayor parte de las veces, estas cosas son ignoradas, creyendo que “cualquier persona puede ser un predicador”. Así como se les dice muchas veces a los estudiantes de la Escuela de Predicación de Brown Trail, “¡La predicación es algo más serio que un ataque al corazón!” Si esto es verdad, entonces sería ridículo que alguien crea que puede tener éxito cuando no se ha preparado adecuadamente para hacer el trabajo de predicador. Es revelador observar que los apóstoles pasaron por un programa de enseñanza de tres años bajo la atenta mirada del Maestro de Maestros (Mateo 10:19, 20). Y luego, por supuesto, después de Su ascensión al cielo, el Espíritu Santo les guio a “toda la verdad” (Juan 16:13). En la actualidad, no contamos con la operación directa del Espíritu Santo como se llevó a cabo en el primer siglo, por ende, la necesidad de prepararnos para predicar es apremiante.

                        Mientras examinamos estas cualidades, lo primero que deseo sugerir es que el aprendizaje es indispensable (2 Timoteo 3:15; 2 Timoteo 2:15). El obtener un diploma o grado en Biblia es bueno, pero simplemente graduarse de una institución de aprendizaje no lo hace un predicador del evangelio. Debe existir un continuo esfuerzo por parte del predicador para crecer en el conocimiento de la Palabra de Dios de tal manera que pueda asistir a otros a crecer de la misma manera. Los predicadores que han de tener éxito deben estudiar y cavar hondo para “desenterrar” las muchas “pepitas” de la verdad que se encuentran en la Palabra de Dios, y traerlas para que sean escuchadas por la iglesia. Timoteo fue animado a “ocuparse en la lectura” (1 Timoteo 4:13) para que su “aprovechamiento sea manifiesto a todos” (1 Timoteo 4:15). Esto resultaría en un reflejo de su crecimiento personal el cual resultará en el crecimiento de aquellos que le escuchen (1 Timoteo 4:16).

                        En segundo lugar, sugerimos que debe existir una compulsión que se observe en la vida de aquel que desea ser un predicador del evangelio. Los predicadores del evangelio deben ser obligados por la necesidad e impulsados por la belleza y la excepción del evangelio como podemos observar en las palabras de Pablo, “Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1 Corintios 9:16). Jeremías, el “profeta llorón”, sintió como si ya no podía “guardar silencio” cuando de predicar la Palabra de Dios se trataba (Jeremías 4:19). Luego habló de cómo la “Palabra” estaba en su “corazón como un fuego ardiente metido en sus huesos” (Jeremías 20:9). ¡Qué esta misma compulsión nos lleve al nivel que Dios desea que alcancemos como predicadores del evangelio!

                        También sugerimos que debe haber convicción. Uno debe estar plenamente convencido de que solamente existe un mensaje que puede traer a las personas de regreso a Dios, y que este mensaje se encuentra solamente en la Palabra de Dios (Romanos 1:16; Hebreos 4:12). No hay problema que los miembros de la iglesia hablen de convicciones, todo y cuando ellos entiendan de lo qué están hablando y la manera correcta de llegar a una convicción de lo que Dios desea de cada uno de nosotros.  De hecho, me temo que nuestro fracaso de no usar la Palabra muchas veces nos roba de la razón necesaria para nuestros esfuerzos.

Además, sugerimos que debe haber un compromiso. Debe haber una actitud de “debo seguir adelante lo más que pueda” en el predicador que desea predicar la Palabra. Demasiados tenemos en la actualidad que están listos para “arrojar la toalla” cuando las cosas se tornan difíciles en el ministerio. Un estudio de la vida de Pablo claramente muestra que él no era esta clase de predicadores. La lista de los sufrimientos que experimentó por la causa de Cristo es demasiado claro como para no darnos cuenta del serio compromiso que él tuvo (2 Corintios 11:23-28). Su compromiso a la verdad fue transmitida a Timoteo mientras Pablo “le encargo” que “predicara la Palabra a tiempo y fuera de tiempo, redarguye, reprende y exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Timoteo 4:2).

La predicación es una parte importante del trabajo general de la adoración y obra de la iglesia. La Palabra de Dios no ha cambiado desde el primer siglo. El mensaje sigue siendo el mismo, y seguirá trayendo los mismos resultados como lo hizo en el primer siglo cuando este mensaje fue predicado (Romanos 10:13-17; Hechos 2:37, 38; Hebreos 4:12). En 1 Corintios 9, el apóstol Pablo enfatizó la necesidad de predicar el evangelio de tal manera que no “abusó” su “poder en el evangelio” (1 Corintios 9:18). Por lo tanto, su punto de énfasis fue el siguiente; ¡se trataba del mensaje y no del mensajero!

Mientras analizamos el punto enfatizado por Pablo, debemos con honestidad observar al predicador y su mensaje. En repetidas veces, Pablo enfatizó donde se encontraba “el poder para salvación”. En Romanos 1:16, se nos dice que se encuentra en “el evangelio”. En 1 Tesalonicenses 2:4 se enfatiza que los apóstoles pusieron su “confianza” en el evangelio que predicaban y no en las palabras que agradaban a los hombres. Aunque los predicadores sirven como ejemplos de los creyentes (1 Timoteo 4:12), el ser vistos como “buenos ministros” proviene de una vida y enseñanza que han aprendido de su estudio de la Palabra de Dios (1 Timoteo 2:6; 2 Timoteo 2:15).

Regresando a 1 Corintios 9:16, notamos el hecho de que el evangelio fue el mensaje exclusivo del apóstol Pablo cuando se trataba de la salvación. De este mensaje y otros, también notamos que Pablo creía que la maldición del cielo descansaba sobre él …

…si fallaba en predicar

… y si predicaba otra cosa que no fuese el evangelio

(Gálatas 1:9).

A menudo me he preguntado por qué un hombre querría predicar cualquier otra cosa que no sea el Evangelio, ya que en él, y sólo él, única y exclusivamente se encuentra el “poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16). Cuando el evangelio es el mensaje singular del predicador, entonces no hay espacio para reseñas de libros, testimonios personales y especulaciones filosóficas. Todo lo que necesitamos para “predicar a Jesús” (Hechos 8:35) es la “antigua” predicación del “evangelio de Jerusalén” de la manera que lo observamos en el libro de los Hechos.

El mundo está lleno de aquellos que lo único que hacen es regurgitar aquello que han sido alimentados por una constante dieta por parte de los predicadores denominacionales. Sin embargo, la verdad es que la gente desea el evangelio, así que, démosles este mensaje, lo cual nos lleva de regreso a la necesidad de predicar la Palabra. Cuando enfatizamos el asunto de esta necesidad, nos enfrentamos con la pregunta del porqué deberíamos predicar la Palabra de Dios, cual pregunta es respondida por las Escrituras.

En primer lugar, sugerimos que esta necesidad debe ser suplida porque tenemos un mandamiento explícito dado a cada uno de nosotros. Pablo, escribiendo a Timoteo, le da un “encargo” para que “predique la Palabra” (2 Timoteo 4:2). Alguien probablemente argumente que este encargo fue dado a Timoteo. Sin embargo, a principios de esta misma epístola, Pablo había dado instrucciones en cuanto a la “cadena de progresión” relacionado con el “dictar” las enseñanzas de uno a otro para las generaciones sucesivas de “hombres fieles”. Notemos lo que fue escrito en 2 Timoteo 2:2, “…Y lo que has oído de mi ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” Por ende, el mandamiento de “predicar la Palabra” se aplica a “hombres fieles” en generaciones sucesivas del tiempo, incluyendo nuestros días.

Además, sugerimos que esta necesidad debe ser suplida porque la gente le va a dar la espalda a la verdad y se volverán a las fabulas. La verdad es evidente; no hay salvación en las fabulas (1 Timoteo 1:4; 4:7; 2 Timoteo 4:4). Recordemos lo que el Señor dijo en Juan 8:32 concerniente a la función que “la verdad” tiene en la salvación del hombres, “…Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Cuando conocemos lo que es la verdad, i.e., la Palabra de Dios (Juan 17:17), entonces entendemos porque es importante predicarla para que la gente conozca lo que es necesario para mantenerse en el “angosto camino” de la vida (Mateo 7:13, 14).

Mientras reconocemos que la gente se está volviendo a toda clase de fabulas, entonces entendemos qué tan importante es que ellos reciban una buena “dosis” de la Palabra de Dios. Usted y yo podemos recordar las palabras del salmista David en Salmo 119:11, “En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti”. Popular o no, nuestra responsabilidad es proveer a otros aquello que puede sustentarles espiritualmente. Note lo que Jesús le dijo al diablo, “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que proceda de la boca de Dios”.

            Adicionalmente, sugerimos que esta necesidad debe ser suplida porque se nos ha dado ejemplos de cómo la Palabra de Dios fue predicada en los primeros años de la iglesia (Hechos 2:14-39; 4:8-12; 7;53; 8:35, 36; 10:34-43; 13:33-37; 20:7, et al). ¡La iglesia que busca seguir el patrón bíblico de la iglesia del primer siglo debe hacer aquello que ellos hicieron para obtener la aprobación de Dios!

            También sugerimos que esta necesidad debe ser suplida porque no hay otra manera de conocer la voluntad de Dios sino estudiando Su Palabra. Es posible conocer a Dios por medio de la naturaleza (Salmo 19:1), pero para conocer Su voluntad debemos acudir a otros medios. En 1 Corintios 2:10-16, Pablo indicó que la Palabra de Dios revela a nosotros Su voluntad. Reconocemos el hecho de que no podemos leer los pensamientos los unos de los otros no importando que tanto tratemos. La única manera de que usted pueda saber qué es lo que estoy pensando es que yo se lo revele. Si hay algo en mi mente que todavía no he llevado a cabo, entonces no hay manera que usted sepa eso a menos que yo se lo revele.  Los autores inspirados de la Biblia recibieron la Palabra de Dios por medio del Espíritu Santo (2 Timoteo 3:16, 17; 2 Pedro 1:20, 21). Ellos, a su vez, los hicieron disponibles para la humanidad de una manera verbal o por escrito. Y como tal, hablamos de la “inspiración plenaria” de la Palabra de Dios lo cual se refiere al hecho de que las Escrituras son completas, y como tal, capaces de dirigirnos a una vida completa (2 Pedro 1:3). Mientras consideramos la dirección que proviene de parte de la Palabra de Dios, reconocemos que Él nos dirige de tal manera que nos damos cuenta que es mejor de lo que nosotros podemos hacer (Jeremías 10:23). Esto es fácil de observar, especialmente cuando vemos el “caos” en el cual se encuentra el mundo en la actualidad, sabiendo que si el mundo siguiera la Palabra de Dios, las cosas serían totalmente diferentes. Cuando tomamos un paso hacia atrás, reconoceremos qué gran bendición que es el tener la Palabra de Dios.

            Debemos sugerir que esta necesidad debe ser suplida porque es beneficiosa para todos los aspectos de los asuntos espirituales (2 Timoteo 3:16, 17). La Palabra de Dios nos dice cuando estamos bien, cuando estamos mal, cómo estar bien, y cómo mantenernos bien. No necesitamos otro libro.

            Esta necesidad debe ser suplida porque un día vamos a ser juzgados por la Palabra de Dios (Juan 12:48). No importando lo que los escépticos digan, el Señor viene por segunda vez, y no podemos evitar este juicio (Romanos 14:12; 2 Corintios 5:10; Apocalipsis 20:12). El predicador del evangelio debe estar de pie desde un púlpito para proclamar con poder las inescrutables riquezas del antiguo evangelio de Cristo. Si fallamos en esto entonces estamos fallando en nuestra responsabilidad de reconocer la necesidad de proclamar la Palabra de Dios.

            Avanzando a nuestra segunda área que se nos ha pedido considerar, tomemos nota de lo que Pablo tuvo que decir en 1 Corintios 9:6 y los versículos de su alrededor. Desde una perspectiva bíblica, no hay duda alguna de que “el obrero es digno de su salario”, y que “aquellos que proclaman el evangelio” son autorizados por Dios para “vivir del evangelio” (Deuteronomio 25:4; Lucas 10:7; 1 Timoteo 5:18; 1 Corintios 9:14). El apóstol declaró que él tenía el derecho de “no trabajar” como otros lo hacían (1 Corintios 9:6) y recibir apoyo financiero para sus esfuerzos. Tiempo después, en su segunda epístola a los corintios, Pablo afirmó que él recibió “salario” de “otras iglesias” (2 Corintios 11:8) lo cual le permitió trabajar con los hermanos de Corinto sin recibir apoyo financiero por parte de ellos para su trabajo.

            El principio que Pablo presentó es uno que se relaciona a su derecho y el de otros para recibir apoyo financiero ya sea de la congregación que él sirvió (1 Corintios 9:11) o de cualquier otra fuente (2 Corintios 11:8). Este principio puede ser bueno y correctamente aplicado a los predicadores de nuestra actualidad (1 Corintios 9:14). Se debe entender que el hecho de que Pablo no haya tomado ventaja de su derecho no significa que es incorrecto el hacerlo, sino más bien, lo hizo para eliminar cualquier posible acusación que se pudiera levantar contra él en el sentido de que se le acusara de predicar por dinero. Los falsos maestros estaban sugiriendo que la única razón por la cual Pablo trabajaba entre los corintios fue por beneficios financieros que pudieran venir de tal esfuerzo. ¡Pablo “sopló dicha teoría fuera del agua” con lo que dijo en este capítulo (1 Corintios 9:18, 19)!

            Al meditar en las palabras de Pablo aquí, vemos que es importante notar el hecho de que un predicador quien solamente enseña la verdad si se le pagara no sería digno de apoyo financiero del todo. ¡Hay una gran diferencia entre el hombre que recibe apoyo financiero para predicar la Palabra y uno que predica para recibirlo! Aquellos que son verdaderos proclamadores de la verdad de Dios deben estar dispuestos, como Pablo, a “sufrir todas las cosas” (1 Corintios 9:12) por predicar la Palabra de Dios. Por otro lado, es incorrecto para los predicadores sacrificar sin necesidad mientras que los hermanos pueden proveer un apoyo adecuado, pero rehúsan hacerlo. Si el “obrero es digno de su salario”, entonces es obvio de que existe una obligación inherente sobre aquellos que “contratan” al “obrero” para proveer aquello que es “digno” (1 Corintios 9:7-11).

            Cuando se trata de esta clase de asuntos, es importante reconocer que los principios del Cristianismo del Nuevo Testamento deben ser considerados y aplicados. Por ejemplo, los Cristianos deben considerarse el uno al otro con justicia y “honor prefiriéndose los unos a los otros” como lo indica el apóstol Pablo en Romanos 12:10. De la misma manera, las palabras de Jesús que encontramos en Mateo 7:12 deben ser aplicadas aquí, “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas”. Predicadores que son “dignos de su sal” predicarían por nada si esto fuese posible. Sin embargo, tal es raramente el caso. Debido a esto, las congregaciones deberían con mucho cuidado considerar su responsabilidad hacia su predicador en esta área, así como el predicador también debe considerar su responsabilidad para con la congregación.

            He predicado tiempo completo ya sea en una obra local o en el campo de las misiones desde 1977, y tengo tres hijos y un yerno que son predicadores. He pasado una cantidad de años entrenando hombres para ser predicadores en Tanzania, que está al Este de África y en la Escuela de Predicación de Brown Trail en Bedford, Texas. En mi opinión, no hay mejor vocación para seguir que esta.  Los retos son grandes, pero las recompensas son mayores. Es mi oración que todos los que sigan esta vocación lo hagan con la actitud que podemos ver en la vida de Pablo (1 Corintios 9:16) y que las congregaciones con las cuales laboren puedan entender su responsabilidad para con aquellos que trabajan con ellos.

PREGUNTAS DE ESTUDIO

  1. ¿Qué factores demográficos pudieran tener una función en el cambio de la predicación del mensaje del evangelio?
  2. ¿En qué otras cualidades pudiera usted pensar que ayudarían al predicador a tener éxito en la predicación?
  3. ¿Cuáles serían algunos temas en los que usted cree se beneficiaría y que le gustaría que el predicador predicara?
  4. ¿Cuáles serían los resultados si el predicador “arrojara la toalla” cuando las cosas se vuelven difícil en el ministerio?
  5. ¿De qué manera pudiera el apóstol Pablo “abusar” su “poder en el evangelio”?
  6. ¿Cuál sería el “beneficio” que un predicador recibiría si predicara otro mensaje que no fuese el evangelio?
  7. Cuando pensamos en la “cadena de progresión” relativo al “dictar” el mensaje del evangelio ¿Qué es lo que se debe hacer?
  8. Cuando hablamos de la “inspiración plenaria” de la Palabra de Dios, ¿a que nos referimos con esto?
  9. ¿Cómo sería la idea de que un “asalariado” quedaría descrito como un predicador que predica por las razones incorrectas?
  10. ¿Pudiera usted pensar en otros principios del Cristianismo del Nuevo Testamento que se pudieran aplicar a la relación entre la congregación y el predicador?

Traducción al español

Willie A. Alvarenga

Verano 2016

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