La Actitud Bíblica del Ministro de Dios por Willie A. Alvarenga

LA ACTITUD BÍBLICA DEL MINISTRO DE DIOS por Willie A. Alvarenga
Biblia 23Predicar la Palabra de Dios es una hermosa bendición que Dios nos ha concedido a todos los que hemos respondido al llamado de proclamar las buenas nuevas de salvación. El mensaje que predicamos, nuestra conducta personal y la manera de cómo proclamamos el mensaje tienen mucho que ver con los resultados positivos que podremos observar en el ministerio de la predicación.

            Lamentablemente, en la actualidad tenemos algunos predicadores que no poseen las actitudes correctas al predicar la Palabra de Dios. La pregunta es: ¿A qué actitudes me refiero? Bueno, dejemos que la Biblia nos diga cuáles deben ser las actitudes que el ministro de Dios debe tener en su vida para lograr alcanzar las almas perdidas de este mundo y ser de gran provecho espiritual para la iglesia del Señor.

LAS ACTITUDES DEL MINISTRO DE DIOS SEGÚN LAS ESCRITURAS

            Según la Biblia, el predicador debe ser una persona íntegra y seria. Esto fue lo que el apóstol Pablo dijo al evangelista Tito. Notemos sus palabras,

Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros (Tito 2:6-8, énfasis añadido).

            En estos pasajes podemos observar cómo Tito es exhortado a tener una actitud que no solamente le ayudará a agradar a Dios, sino que también será de gran provecho espiritual para su ministerio en la predicación. Algunos ministros no tienen éxito en el ministerio de la predicación porque carecen de estos ingredientes importantes. No solamente carecen de ellos, sino que también no se esfuerzan en procurarlos en sus vidas. En la actualidad tenemos predicadores que se gozan en el pecado. Por ejemplo, algunos de ellos no muestran seriedad ni mucho menos integridad en sus vidas cuando se gozan contando chistes inapropiados o haciendo uso de bromas que no son dignas del evangelio de Cristo.

            En cierta ocasión unos hermanos en Cristo me contactaron por teléfono para pedirme algunos consejos sobre ciertas situaciones que estaban viviendo en sus vidas. Después de proveerles los consejos de parte de la Palabra de Dios, procedí a preguntarles la razón del porqué no le preguntaban a su ministro. La respuesta por parte de ellos me sorprendió en gran manera. Ellos dijeron que su ministro es un bromista que nunca es serio cuando se trata de la enseñanza de la Palabra de Dios. Dijeron que todo el tiempo se la pasa bromeando en el púlpito y fuera de él. Ellos trataron de obtener algún consejo en el pasado por parte de su predicador, pero no tuvieron éxito dado a que su predicador no mostraba seriedad y mucho menos integridad. ¡Hermanos, esto no debería de ser así!

            Los miembros de la congregación donde predicamos van a necesitar que de vez en cuando les demos algunos consejos bíblicos para mejorar sus vidas delante de Dios; sin embargo, si usted y yo no mostramos seriedad e integridad, no podremos ser de gran provecho para ellos. Así que, estos ingredientes son esenciales para tener una actitud bíblica que agrade a Dios y que ayude a nuestros hermanos a crecer espiritualmente.

            En cierta ocasión impartía a los estudiantes de la escuela de predicación de Brown Trail el curso, “Vida y trabajo del predicador”. Mientras hablaba de este tema, uno de los estudiantes me preguntó cómo podía un ministro joven tener éxito en la congregación donde estaría predicando, ya que su edad podría ser un impedimento para que le tomaran en serio. Recuerdo la respuesta que le di al estudiante con relación a esta pregunta. Le dije que uno de los factores que debía considerar cuidadosamente para tener éxito en el ministerio de la predicación es una vida ejemplar delante de los hermanos. Esto fue lo que el apóstol Pablo le dijo a Timoteo,

Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza (1 Timoteo 4:12).

 Si los hermanos pueden observar un ministro ejemplar, entonces ellos van a escuchar lo que este joven tiene que decir; pero, si el ministro joven no es un buen ejemplo para la congregación, entonces no le van a tomar en serio, y siempre lo van a catalogar de inmaduro. El predicador debe ser un buen ejemplo de lo que predica y ponerlo en práctica primero y luego exhortar a la congregación a que haga lo mismo. Algunos predicadores exigen tanto de la congregación, pero ellos mismos no son predicadores de “espíritu ferviente”. Esto nos recuerda a la actitud de aquellos líderes religiosos de los tiempos de Jesús que eran buenos para exigir del pueblo, pero ellos mismos no hacían lo que debían hacer (Mateo 23:3).

Cada vez que Jesús o Pablo exhortaban a la gente a ser obedientes a la voluntad de Dios es porque ellos mismos ya lo estaban haciendo. El predicador ejemplar gozará a lo máximo su estancia en la congregación y trabajará de una manera eficaz con los hermanos. Por ende, sea un buen ejemplo en cuanto al evangelismo personal (Romanos 15:19), estudio de la Biblia (2 Timoteo 2:15), una vida de oración (Marcos 1:35), una vida de pureza moral y espiritual (1 Pedro 1:13-16), puntualidad (Mateo 6:33), manera de hablar (Colosenses 4:6), Etc. Muchas veces los ministros jóvenes se la pasan bromeando demasiado con los miembros de la iglesia hasta el punto de perder el respeto que deberían tenerle. Aunque no nos guste, la idea del predicador joven en la mente de muchos miembros de la iglesia es que ellos no son serios en su trabajo. Vamos a mostrarles a los hermanos que hay seriedad y buen ejemplo en nuestras vidas.

También aconsejaba al estudiante a ser un estudiante diligente de las Escrituras, ya que cuando la congregación observa a un ministro joven, y muy conocedor de las Escrituras, esto ayudará para que le tengan respeto y confianza en lo que enseña por parte de las Escrituras. La mayor parte de las veces, el ministro joven no se gana el respeto de la congregación dado a que no se ha esforzado por crecer en el conocimiento de la Palabra de Dios (2 Pedro 3:18; 2 Timoteo 2:15). El ministro debe mostrarse competente de manejar con precisión la Palabra de verdad.

            Otro consejo que le di al estudiante fue en el área de la humildad. Le dije que cuando el ministro se presenta como ejemplo de humildad, esto le iba ayudar a que la congregación lo apreciara en gran manera. Tenemos demasiados predicadores que se creen superiores a la congregación simplemente por el hecho de que conocen más Biblia que los demás. Esto mis amados hermanos es arrogancia y soberbia. Esta no es la actitud que Dios bendice (Santiago 4:6). Nuestro Señor Jesucristo, nuestro supremo ejemplo a seguir, no fue una persona soberbia y altiva. El apóstol Pablo tampoco lo fue, y mucho menos el apóstol Juan. Los ejemplos de Timoteo y Tito no presentan evidencia de que hayan sido predicadores altivos que se creían superiores a los demás.

Los predicadores altivos y soberbios son aquellos que no aceptan la corrección y siempre piensan que ellos son los únicos que tienen la razón. La soberbia y la altivez son pecados muy peligrosos ya que éstos ciegan al predicador y endurecen su corazón al consejo divino o por parte de hermanos maduros en la fe.

Uno de los errores que deben evitar los estudiantes y que siempre les estamos diciendo en la escuela de predicadores de Brown Trail es que en ocasiones algunos salen de la escuela con su diploma y piensan que solamente ellos están en lo correcto y salen para hacer estragos en las congregaciones donde predican. Muchos apelan a las palabras del profeta Jeremías donde Dios le dice,

Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar (Jeremías 1:10).

            Cierto predicador me dijo, “Hermano, yo estoy aquí como predicador para arrancar y para destruir el pecado, para arruinar y para derribar toda actitud pecaminosa que esté en la iglesia. Vengo con mi espada desenvainada. Yo no voy a darle de palmaditas a los hermanos, yo voy a arrancar y destruir el pecado de sus vidas.” El hermano que comentó de esta manera no está predicando en una congregación, y hasta la fecha, solamente anda de congregación en congregación donde siempre lo corren y lo desechan por su actitud de altivez y soberbia. Siempre que los hermanos lo despiden de una congregación, él argumenta que los que están en pecado son los hermanos y no él. Nunca ha sido el caso de que este hermano diga que él tuvo la culpa de que congregaciones se dividieran o que hermanos se fueran de la congregación. Un predicador con esta actitud nunca va a prolongar su estancia en una congregación.

            El profeta Jeremías es conocido como “el profeta llorón”, no porque se quejaba todo el tiempo, sino que él lloraba por la condición espiritual del pueblo de Dios. Estoy seguro que estos predicadores altivos y soberbios no lloran por la condición espiritual del pueblo de Dios en la actualidad. Estos predicadores no tienen ni siquiera un poco de paciencia con el pueblo de Dios para ayudarles a crecer por medio de la enseñanza bíblica y la exhortación; palabra que no significa “regaño”, sino “animo”. Toma tiempo ayudar a la iglesia a alcanzar la madurez espiritual. Este no es un proceso de la noche a la mañana.

            Hay varios pasajes en el Nuevo Testamento que nos ayudan a entender la clase de actitud que debemos atesorar cuando predicamos el evangelio de Cristo. El primero es 1 Pedro 3:15, el cual dice,

Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros.

El segundo pasaje es 2 Timoteo 4:2, el cual dice,

Que prediques la Palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.

            En estos dos pasajes encontramos cuatro palabras que muchas veces son ignoradas por los predicadores de la Palabra. Estas palabras son, “mansedumbre, reverencia, paciencia y doctrina”. Cuando estas palabras son entendidas y aplicadas a la vida del predicador, entonces esto le ayudará para que la puerta se mantenga cerrada a toda clase de actitudes que lastiman el pueblo de Dios, y lastiman también la reputación del predicador mismo.

Por ende, si el ministro joven o adulto ha de tener éxito en la congregación donde predica, debe ser un predicador ejemplar, conocedor de las Escrituras, humilde y dispuesto a trabajar en las vidas de aquellos a quienes les predica la Palabra de Dios.

La Biblia también nos dice que el predicador no debe de ser contencioso. Note lo que el apóstol Pablo le dijo a Timoteo,

Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido (2 Timoteo 2:24).

            La palabra “contencioso” viene del griego machesthai lo cual denota una persona que todo el tiempo está luchando y disputando con otros; una intensa amargura. También denota uno que lucha contra Dios o uno que está en enemistad con otros.[1] Tristemente, esta es la actitud que ha penetrado el corazón de muchos predicadores, quienes encuentran placer en las disputas y peleas contra otros hermanos en la fe. Pablo le dice a Timoteo, un evangelista joven, a que no le abra la puerta a la contención. Usted y yo debemos entender que hay una GRAN diferencia entre “contención” y “contender”. La última palabra es la que debemos practicar cuando predicamos la Palabra de Dios y defendemos la fe que ha sido una vez dada a los santos (Judas 3). El predicador no debe ser contencioso cuando contiende por la fe. Aun en medio de la batalla contra falsos maestros debemos tener paciencia, mansedumbre, reverencia y doctrina. Recordemos que aun los hermanos que han sido disciplinados no deben ser considerados como nuestros enemigos, sino como nuestros hermanos para poder amonestarles a un arrepentimiento (2 Tesalonicenses 3:14-15). Recordemos que ellos también tienen un alma que salvar y si poseemos las actitudes correctas, podremos ayudarles a salir del error. La manera de como decimos y actuamos hará la diferencia en las vidas de aquellos que deseamos ayudar ir al cielo. La otra definición de “contención” es luchar contra Dios. Así es mis hermanos, cuando no poseemos las actitudes que Dios demanda de nosotros, entonces nos encontremos luchando contra Dios.

LO QUE NO HE DICHO EN ESTE ESTUDIO

En este estudio no he dicho que el predicador comprometa la verdad con tal de “llevar la fiesta en paz con todos”. Esto no es lo que he dicho. La Biblia nos exhorta a nunca comprometer la verdad (Juan 6:66). La Biblia nos exhorta a apartarnos de los que andan en pecado y rechazan la verdad de Dios (Romanos 16:17-18; Efesios 5:11; 2 Corintios 6:14-17).

LO QUE SÍ HE DICHO EN ESTE ESTUDIO

Lo que sí he dicho en este estudio es que el predicador de Dios debe poseer una actitud que siempre agrade a Dios. Debe poseer una actitud que sea de gran provecho espiritual para la congregación donde estará laborando. Si como predicadores no nos esforzamos por ser humildes, ejemplares, estudiantes diligentes de la Biblia, mansos y pacientes, entonces no tendremos éxito en el ministerio de la predicación y en vez de ser de gran provecho para la iglesia, vendremos a ser motivos de división o causantes de que algunos no sean salvos en el día final.

Les animo a que nos esforcemos por tener una actitud balanceada en todo lo que hacemos para el Señor y para la hermandad. El destino eterno de la iglesia y de las almas perdidas de este mundo depende hasta cierto punto de nuestra conducta y manera de trabajar entre las personas. Una actitud incorrecta mantendrá marginado al predicador que solamente piensa en sí mismo y su beneficio, y no el de los demás. Si desea tener éxito en la predicación y tener la bendición de parte de Dios, entonces procuremos siempre en nuestras vidas tener la actitud correcta mientras servimos a Dios y a la hermandad. Esto será de gran provecho espiritual no solamente para la congregación y usted como predicador, sino también para su familia. Lamentablemente, muchas familias de predicadores sufren por causa de las malas decisiones y actitudes arrogantes que algunos tienen. No lastime a su familia, ni mucho menos su reputación. ¡Qué Dios nos ayude dándonos la sabiduría para conducirnos dignamente delante del Señor y la hermandad!

REFERENCIAS:

 

Reina Valera Revisada (1960). Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas, 1998. Print.

 

Louw, Johannes P., and Eugene Albert Nida. Greek-English lexicon of the New Testament: based on semantic domains 1996 : 494. Print.

 

Willie A. Alvarenga

P.O. BOX 210667

Bedford, TX 76095

(817) 268 3222; 681 4543

walvarenga@btsop.com

www.regresandoalabiblia.com

www.alvarengapublications.com

www.backtobibleknowledge.com

www.btsop.com

[1] Louw, Johannes P., and Eugene Albert Nida. Greek-English lexicon of the New Testament: based on semantic domains 1996 : 494. Print.

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