Requisitos que el Expositor de la Palabra de Dios Debe Poseer por Willie A. Alvarenga

REQUISITOS QUE EL EXPOSITOR DE LA PALABRA DE DIOS DEBE POSEER por Willie A. Alvarenga

Biblia 22Debe ser un amante de la verdad de Dios (Salmo 119:97; Jeremías 15:16; Salmo 1:1-3). Todo predicador que no sienta un profundo amor y respeto por las Escrituras no podrá comunicar un mensaje eficaz.

Debe estar dispuesto a sufrir por Cristo (Filipenses 1:29; Hechos 4:29; Efesios 6:19; 2 Timoteo 3:12; Hechos 20:24; 21:13). El sufrimiento puede venir de diferentes formas. Por ejemplo, el expositor fiel de la Biblia puede ser criticado fuertemente por predicar con muchos versículos de la Biblia. También puede ser despedido de su trabajo por predicar la sana doctrina. De hecho un predicador fue despedido por usar muchas citas en su sermón. Otro fue despedido pro predicar la sana doctrina.  Los expositores fieles del primer siglo sufrieron por predicar la Palabra de Dios. Este fue el caso, aun con los profetas del Antiguo Testamento (Mateo 5:10-12; Hechos 8:1-4; Hechos 14; 16; Hechos 14:22; Filipenses 1:29).

Debe estar dispuesto a estudiar la Palabra de Dios a fondo (2 Timoteo 2:15; 1 Pedro 4:11; 2 Pedro 3:18; Juan 5:39). El expositor de la Palabra debe estar dispuesto a dedicar largas horas al estudio de la Palabra de Dios. También debe estar muy bien familiarizado con los principios básicos de la hermenéutica, es decir, la ciencia de la interpretación correcta de las Escrituras. Debe conocer muy bien estos principios para que al presentar la Palabra de Dios no sea culpable de sacar textos fuera de contexto. El Apóstol Pablo exhortó al evangelista Timoteo a “procurar con diligencia presentarte ante Dios aprobado, como un obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la Palabra de Verdad” (2 Timoteo 2:15). La palabra “diligencia” denota un esfuerzo máximo y profundo que debe prevalecer en la vida del predicador cuando éste estudia la Biblia.

Debe estar dispuesto a guardar la Palabra de Dios en su corazón (Salmo 119:11). El expositor de las Escrituras debe dedicar varias horas a la memorización de textos del Antiguo y Nuevo Testamento. Ella debe estar siempre presente en el corazón del predicador, ya que esto le ayudará a estar siempre preparado para exponer el mensaje. En lo personal le recomiendo mi libro titulado, “En la tabla de mi corazón”. Este libro trata con el tema de la memorización de cientos de textos de la Biblia y cartas completas. Estoy seguro que estos principios le serán de gran ayuda para su crecimiento espiritual. La memorización le ayudará a reducir la cantidad de tiempo que toma buscando los textos que desea utilizar en su sermón.

Debe estar dispuesto a poner a Dios en primer lugar (Mateo 6:33; Marcos 12:30). Dios bendice a todos los expositores que ponen a Dios y Su Palabra en primer lugar. Esto nos ayudará a predicar solamente lo que Dios nos dice por medio de Su Palabra. Todos los expositores fieles de la Palabra que encontramos en el Antiguo y Nuevo Testamento pusieron a Dios en primer lugar.

Debe estar dispuesto a decir no al pecado (Romanos 13:14; Gálatas 5:16; 1 Pedro 2:11; 1 Pedro 1:15-16; Hebreos 12:14; Efesios 4:27; 1 Corintios 6:11). El expositor de las Escrituras debe ser un ejemplo a seguir. Si él práctica el pecado en su vida y la audiencia lo sabe, el mensaje que predique tendrá obstáculos. Además de esto, Dios no bendecirá a todos aquellos que viven en el pecado y a la vez predican Su Palabra. ¿Cómo podremos exhortar a la audiencia a rechazar el pecado de sus vidas si nosotros lo estamos practicando?

Debe estar dispuesto a sentir compasión por los perdidos (Mateo 9:36-38; Romanos 10:1-2). El expositor que no tiene compasión por los perdidos nunca predicará el mensaje de Dios con pasión y preocupación por los perdidos. Predicamos la Palabra porque sabemos que entre la audiencia tenemos personas que no han obedecido el evangelio y que necesitan conocer la voluntad de Dios para ser salvos.

Debe estar dispuesto a defender la verdad de Dios (Filipenses 1:17, 27; 1 Timoteo 1:13; Judas 3). Esto lo puede lograr el expositor por medio de lecciones que enseñan cuál es la voluntad de Dios, ya que de esta manera, la audiencia podrá detectar el error cuando éste se presente. Por esta razón, el expositor de la Palabra debe presentar argumentos válidos en su predicación. Esto lo hicieron mucho los expositores de la Palabra de Dios del primer siglo, e.g., Pablo, Pedro, Apolos, etc.

Debe esforzarse en ser un buen ejemplo (1 Timoteo 4:12; Mateo 5:16; 1 Pedro 2:21) —Esto debe llevarse a cabo para no ser tropiezo a los que escuchan el mensaje. Recuerde que la gente desea “ver un sermón, y no oír uno”. Esto implica que el predicador debe vivir lo que predica, y esto, todo el tiempo.

Debe ser un hacedor de la Palabra de Dios (Santiago 1:22; Lucas 11:28). Uno de los grandes predicadores de la historia fue Cristo. Él siempre practicó primero y luego predicó (Hechos 1:1). El predicador no está exento de lo que predica. En ocasiones algunos predicadores actúan como si lo que predican solamente se aplica a la audiencia y no a él mismo también. Por esto debemos tener mucho cuidado de no hablar en segunda persona plural, i.e., “ustedes”, sino más bien, siempre hable y aplique el sermón en primera persona plural, i.e., “nosotros”. Siempre recuerde que el sermón predicado también se aplica primero a usted y luego a la audiencia. Recuerde que el primero que escucha dicho sermón es usted, y luego la audiencia.

Debe estar plenamente convencido que Dios existe y que Su palabra es verdad (Romanos 1:20; Génesis 1:1; 2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:20-21). Ningún expositor de la Palabra puede tener éxito sin estar completamente convencido de que la Palabra de Dios es verdad y que es inspirada por nuestro Padre celestial. El Apóstol Pablo estaba completamente convencido de en quien él había creído (2 Timoteo 1:12). Nosotros también debemos estarlo, para que de esta manera, podamos hacer la diferencia en nuestras predicaciones.

Debe estar dispuesto a obedecer a Dios antes que a los hombres (Hechos 5:29; Gálatas 1:10). En ocasiones algunos tratarán de manipular lo que usted predicará. Cuando esto suceda, usted debe estar plenamente convencido de que Dios es primero en su vida y que solamente Él es digno de ser obedecido.

Debe ser un hombre de oración (1 Tesalonicenses  5:17; Colosenses 4:2; Romanos 12:12; Marcos 1:35). Siempre procure ir a Dios en oración para que sea Él quien le use como un instrumento para Su honra y gloria. Usted es un portador de las Sagradas Escrituras, y como tal, usted debe depender siempre de Dios. Nunca confié en sus propias fuerzas, sino más bien, dígale a Dios que le ayude a confiar siempre en Él y en Su Palabra. Cristo oraba constantemente y nosotros debemos hacer lo mismo. Procure desarrollar la costumbre de ir a Dios en oración antes de preparar su sermón y antes de predicarlo. Si usted hace esto, Dios será glorificado en su vida.

Debe tener amor por los hermanos y su prójimo (Juan 13:34; Filipenses 2:1-4; Marcos 12:31). El amor a la hermandad y al prójimo nos ayudará a preparar sermones que serán de gran bendición a ellos. Este será el caso porque usted en realidad busca el bienestar espiritual de ellos. Cuando no hay amor, el predicador simplemente copea un sermón de un libro y lo predica sin estudiarlo y analizarlo profundamente. Lo predica sin tomar en cuenta las grandes y apremiantes necesidades que existen en la audiencia.

Debe estar al tanto de lo que sucede en el mundo actual. Así es, el predicador debe estar familiarizado con lo que sucede en el mundo, ya que de esta manera podrá aplicar las lecciones que predica a lo que está sucediendo en el mundo. Por ejemplo, si la noticia del día es que algún grupo religioso está diciendo que saben cuándo Cristo vendrá por segunda vez, entonces el predicador puede hacer una exégesis de Mateo 24 y presentar una lección en la que argumenta que nadie sabe cuándo Cristo vendrá. Recordemos que las predicaciones que predicamos deben ser relevantes a la audiencia a la cual les predicamos la Palabra.

“El espíritu de la predicación está cambiando. La actitud hacia el predicador y su actitud hacia sí mismo ha sido cambiada por un segmento en la iglesia. Ya no se considera el predicador un “vaso de barro” (2 Corintios 4:7). En la actualidad se le pone más énfasis al predicador y su valor en vez del tesoro. Y, lamentablemente, algunos se han vendido al mejor postor” – Hardeman Nichols

 

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